domingo, septiembre 27, 2020

Un amante raro… (1988)

Nuestro Señor es verdaderamente un amante raro. No nos ama por nuestras habilidades, no por nuestras virtudes. Lo que le llama la atención es nuestro pecado, porque nada más que nuestro pecado podemos llamar “nuestro”. Mientras lo positivo que tenemos, es Él quien nos lo da. Por lo tanto, el vacío y la miseria de nuestras almas son los que atraen el inmenso amor de Dios.

Chiedere Dio a Dio, p. 93

No ofender al Señor (1988)

Decir que estamos contentos de ir al cielo por la puerta de atrás es agraviar a Dios. Dios se ofende no si le pedimos demasiado, sino si le pedimos poco. No debemos pedir en proporción de nuestros propios méritos, sino en virtud de su amor; y su amor es infinito.

Chiedere Dio a Dio, p. 94

Libres de toda posesión para poseer a Dios (1984)

Mientras tengáis méritos, mientras tengáis virtudes, ya que tenéis algo, no podéis ser santas […]. No digo que no debéis ser virtuosas, sino que no debéis considerar las virtudes como vuestras. La posesión incluso de las virtudes es la medida que ponéis al don de Dios. ¡Solo Dios es santo! El alma tiene que abrirse a Él, totalmente libre de toda posesión, aun interior. Quien está apegado a sus virtudes es demasiado rico para poseer a Dios.

Spiritualità carmelitana e sacramenti, p. 288

Bach y Beethoven (hablar a través de la música) (1968)

La palabra no se expresa sólo a través del lenguaje articulado: también el sonido, que no es lenguaje articulado, es expresión de inteligencia humana, es más, del genio humano. Pensemos en la música: nadie querrá decir que Bach o Beethoven no nos hablan a través de la música. La música es un lenguaje que tiene un contenido humano de inteligibilidad, es expresión de vida espiritual. Antes bien, muchos dicen que la música es la expresión más alta, más verdadera del mundo espiritual humano. Quisiera decir entonces que el lenguaje articulado no expresa hasta el fondo nuestro mundo interior.

Reunión del 1° de diciembre de 1968 en Florencia

Amar y no pretender recibir (1980)

No se vive el cristianismo si no viviendo el morir a nuestro egoísmo, el morir a nosotros mismos para que viva en nosotros el amor de Dios. También en la Comunidad vivir quiere decir estar disponible a los demás, aceptar el sacrificio que puede costar su presencia, darse sin pretender recibir.

Si recibimos nos alegramos, pero no pretendamos, porque el derecho destruye el amor.

Ejercicios espirituales del 13 a 17 de junio de 1980 en Arliano

El amor que salva (1975)

Todo juicio tuyo excluye el amor. El amor es la unidad y debe trascender toda oposición. Sólo un amor que trascienda toda oposición es un amor que salva; sólo este amor es el amor de Dios. El que se aparta, se aparta del Amor, se aparta de Dios.

L’attesa, 16 de abril de 1975, p. 220

Ser es amar (1990)

En la amistad, en el amor nupcial, en el amor materno, el hombre se abre hacia el otro. No se encierra en sí mismo, sino que se realiza donándose. Ser es amar, igual que en Dios. Tanto más eres, cuanto más te dones. No posees más que lo que des.

Meditazioni sulle tre lettere di Giovanni, p. 57

Realidad y signo (1981)

Creo verdaderamente que sólo un velo me separa de Él, no porque me siento “santo”, sino porque su realidad parece consumir ya todo signo e imponerse desnuda y absoluta a mi espíritu.

In Cristo, 3 de julio de 1981, p. 84

La respuesta de Dios (1975)

La Resurrección de Cristo es realmente la respuesta a la ansiedad de toda la humanidad que quiere conocer el significado de la vida, que quiere saber hacia dónde tiende la historia del mundo, esta aventura ciega que la humanidad ha vivido durante siglos, durante miles de años sin saber a dónde va. La Resurrección es la respuesta de Dios.

Triduo pascual de 27 a 30 de marzo de 1975 en Casa San Sergio

Amarnos en serio (1963)

El Señor quiso que nuestra respuesta a su amor no nos alejara de los hermanos, sino que nos uniera más estrechamente entre nosotros. La fe en el amor de Dios disminuye, cuando disminuye la caridad. Es necesario amarnos en serio con un amor sobrenatural, con un amor generoso y fiel, con un amor que no debe ser de palabras y sentimientos, sino que realmente debe comprometernos a la paciencia reciproca, a la comprensión, a la estima y a la ayuda fraterna.

“Creer en nuestra vocación”, en USFPV, p. 46-47