martes, septiembre 17, 2019

Mi Paraiso (1970)

Así como Dios no puede negarse a mí, así no puede negarme a los en quienes y por quienes se me ha dado a conocer. Debo amarlos tanto que los pueda salvar y mi paraíso es también su salvación.

Per l’acqua e per il fuoco, 30 de agosto de 1970, p. 49

Dios espera (1980)

Dios te ama aunque no respondas, pero no es verdad para nada que no espere tu respuesta.

El amor de Dios no te obliga, permanece totalmente gratuito, pero, justamente en la medida en que te quiere, espera.

¿Te amaría de veras, si no quisiera tu amor?.

Ejercicios espirituales de 3 a 10 de agosto de 1980 en La Verna

Yo soy tuyo

Hace tiempo diciendo la misa, me han hecho sentir; «Yo soy tuyo». Tus pecados? ! Ah no! Tus pecados los he tomado ya; Basta que tu creas, que, todo aquello que yo soy, soy por ti».

Ejercicios espirituales en La Verna, 3-10 agosto 1980

El misterio de la Epifanía (1974)

La revelación suprema que Dios ha dado de Sí mismo en su humilde infancia consiste en su muerte al mundo; y nosotros mismos revelaremos a Dios en la medida en que disminuyamos nosotros mismos. El misterio de la Epifanía exige, como condición, la humildad más profunda, la sencillez más pura; exige que sepamos renunciar a nosotros mismos, exige que no queramos ser algo, sino una pura condición a su presencia; no tener más nombre.

Reunión del 6 de enero de 1974 en Florencia

Perdón recíproco

Recuerda que el amor fraternal es un amor que se da en un perdón continuo. Porque siempre hay que perdonar a otros como también siempre debemos ser perdonados; y es en este perdón mutuo como verdaderamente el amor se encarna, igual que el perdón hacia nosotros que se encarnó en el amor de Cristo.

Homilía del 13 de marzo de 1988 en Siracusa

¡Eres el Diablo! (1988)

Acordaos que el nombre del demonio en la Sagrada Escritura es “acusador”: quien acusa se pone de parte del demonio. Recordad siempre esto: si un hermano en la Comunidad os dice siempre algo negativo sobre los demás, debéis decirle: “Eres el diablo”. Se lo dijo Jesús a san Pedro, así que también vosotros podéis decírselo a vuestros hermanos. El acusador siempre es el diablo. Recordadlo.

Retiro del 18 de septiembre de 1988 en Settignano

La eterna alegría pascual (1970)

La Resurrección no es para que Cristo nos deje, sino para que pueda permanecer siempre con nosotros, con cada uno de nosotros, en todo momento. Con la Resurrección Cristo ya no está condicionado por el tiempo, por los lugares, porque es la presencia pura, Él es la realidad de la presencia inmutable, plena. Así en todo lugar, así en todo tiempo. De esta forma, toda alma puede vivir esta comunión de amor con Él, y es esta la eterna alegría pascual.

Retiro del 25 de abril de 1970 en Casa San Sergio

Tiene razón Dostoevskij (1945)

Tiene razón Dostoievski. Tu amor debe abrazarlo todo. Todo el universo, toda la creación debe exultar en ti en la plenitud de la Vida divina. El éxtasis no te saca de la tierra, sino que la eleva contigo a la luz de Dios, la transfigura en Dios. El verdadero cristianismo siempre ha rechazado un ascetismo maniqueo que ve en la renuncia y en la negación su fin. El cristiano no puede renunciar a nada: todo es suyo y todo debe llevar consigo, elevarlo todo consigo hasta Dios en el amor.

La fuga immobile (diario), 8.11.1945

Si ya Dios no existe… (1978)

Si Dios ya no existe, el hombre es destruido. No queda otra cosa sino drogarlo, de manera que el hombre no pueda ensimismarse y reflexionar sobre su propio destino. Si el hombre no es amado, toda su vida ya no tiene sentido ni él ya tiene valor. Entonces no sólo la vida del hombre, sino también la aventura humana en este mundo pierde todo significado, todo sentido y no permanece más que el absurdo, no permanece más que el vacío.

Ritiro a Brescia, 22 dicembre 1978

Cuesta abajo, no cuesta arriba (1988)

Dios nos hace santos madurándonos en la humildad, porque el verdadero camino de la santidad es cuesta abajo, no cuesta arriba. Nuestro verdadero camino es precipitar cada vez más en el sentimiento de nuestra impotencia, de nuestra miseria, porque solo Dios es Santo. Y seremos santos sólo en la medida en que Él viva en nosotros.

Chiedere Dio a Dio, 1988, p. 102